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El Evangelio según Paco

El Evangelio Según Paco

Analisis de "La Muerta" de Carmen Laforet

El relato La Muerta comienza con el narrador buscando simpatía para Paco por parte del lector; expiándolo porque “no era un sentimental” y tratando de justificar cualquier reclamo que se le pueda hacer al personaje posteriormente. A lo largo de toda la narración, los motivos religiosos no pueden ser pasados por alto, y la descripción del sufrimiento y sacrificio de María sólo podría ser considerado como un martirio. Pero de quién más información sobre su estado interno se da, es sobre el señor Paco. La historia gira en torno a cómo él percibe la larga convalecencia y muerte de su mujer, y como se ve transformado por su sacrificio. En definitiva, existen varios paralelismo entre La Muerta y los cuatro Evangelios, por lo que La Muerta bien podría ser visto como un particular Evangelio donde la buena nueva que representa María y su santidad es traída al lector por la narración del señor Paco.

LA “MUJER NUEVA” Para el año 1952, cuando se publica este relato, Laforet no es más la joven casi adolescente que ganó grandes premios de literatura por una opera prima llena de una cruda descripción de la España de la posguerra e impregnada de un fuerte nihilismo y una “visión de mundo con ciertos matices existencialistas”(Quintana Tejada, Nihilismo y demonios, 36); para ese momento Laforet era ya toda una mujer, una nueva mujer, que acababa de tener una reconversión espiritual en Diciembre de 19511 (Del Mastro, The Role of Women in Carmen Laforet's Short Stories, 26). Esta reconversión hacia el Catolicismo, va a ser el tema fundamental de su novela La Mujer Nueva, pero casi todas sus obras posteriores van a estar llenas de temas católicos tales como caridad, amor y sacrificio2 (Del Mastro, 26) LOS DEMONIOS En la temática de las obras de Laforet, los demonios son entes siempre presentes. En su segunda novela, La isla y sus demonios, es donde hacen su presencia más notoria, pero cuando Laforet habla de “demonios” se refiere a “la trama de pasiones humanas”(Quintana Tejada, 35). En La Muerta, el término es usado para referirse a las dos hijas de Paco y María, las cuales son “alborotadas y mal habladas como demonios”. Sobre estos dos “demonios”, el narrador dice que “cuando las lenguas de sus hijas se desataron en alguna ocasión más de lo debido, la misma María había intervenido desde su cama o desde su sillón para callarlas, suavemente, pero con firmeza”. Son muchas las escenas de los evangelios en las cuales Jesús se encuentra a demonios a los cuales logra expulsa tan sólo el poder de su palabra, pero además existe una importante relación entre los demonios y el poder del habla, ya sea que estos hablen con Jesús (Lc 4:41, Mt 8:31, Mc 1:23-26), o por el contrario Jesús les prohibía hablar (Mc 1:34, Lc 4:35, Lc 4:41) , o la persona poseída por el demonio era mudo (Lc 11:14, Mc 9:25, Mt 9:33).

Para el final del relato, cuando el sacrificio de María está completo, la distinción entre el antes y el después de la muerte de María era “aquel silencio” y el hecho de que “hacía tres semanas que las hijas no discutían”, es decir, los demonios se habían callado. Ya estos no gritarían más, ahora “cuchicheaban”.

LA PARÁLISIS Dentro de las tantas enfermedades que sufrió María, la parálisis fue la que hizo a Paco empezar a “hacer proyectos” que incluían “echar a las hijas como fuera y quedarse con el piso”, y veía como una “compensación” el unirse “con una viuda de buenas carnes”. Esta parece sin duda una asociación con la idea de la “tentación de la carne” que llevaría a Paco a no sólo dejar abandonadas a sus hijas, sino incluso a desear, en cierto nivel, la muerte de su mujer para por fin obtener algo de sosiego. Y esta imagen de la curación milagrosa de una parálisis es también tema común en los Evangelios (Juan 5:1-14, Mc 2:1-12). En el Evangelio de Marcos, Jesús cura a un paralítico luego de perdonarle sus pecados (Mc 2:1-12), y luego le dice que se levante, lo cual es una frase que Jesús repetidamente para curar e incluso para hacer resucitar (Mc 5:41, Lc 17:19, Juan 11:43). Es decir, la idea de que alguien que no podía ponerse de pie se levante es repetido en todo los evangelios; incluso en hechos se puede leer como Pedro “en el nombre de Jesucristo de Nazaret” también dice “levántate y anda”(Hch 3:6) y con las mismas palabras sana al paralítico Eneas (Hch 9:34) y con este milagro de Pedro “Todos los habitantes de Lida [...] se convirtieron al Señor”. De igual manera, una vez que María es sanada de su parálisis, Paco se arrepiente de sus deseos impuros, y lograría de esta manera salvar su alma.

En este caso es importante hacer notar que María no se levantó por su deseo personal de volver a caminar sino, una vez más, como un verdadero sacrificio para ayudar a sus hijas, y cuando pudo volver a caminar no se alegró por ella misma, sino por sus hijas porque tenían “tanto trabajo las pobres”.

LA MUERTE, LA RESURRECCIÓN Y LA REDENCIÓN Otra posible referencia a los Evangelios, es que María se levantó a los tres años de empezar a sufrir su parálisis, de la misma manera que Jesús “resucitó al tercer día” (1 Cor 15:4) de manera milagrosa y apareciendo. Así mismo, tres semanas luego de su muerte y de haberla olvidado, “el señor Paco la sentía”. Sin duda, además de su martirio, que para María fue de más de 20 años, durante el cual “la pobre madre”, al igual que Jesús en su viacrucis, no hizo más que sufrir y aguantar todo”; la mayor relación entre María y Jesucristo, es su muerte como fuente de redención para los otros; como dice el narrador: “Quizá para eso había vivido y muerto ella [...] para poder volver a todo, y a todos consolarles después de muerta”.

Los vicios y “demonios” narrados en La Muerte no son nuevos en la narrativa de Laforet, pero en este caso, lo principal no es la descripción de las penas de la protagonista femenina, pues María “no notaba aquellos padecimientos”, estaba de hecho “contenta”. Lo principal en La Muerta es el cambio que se da al final del cuento, la redención que nace de la santidad de María.

EL APÓSTOL PACO Mientras que las personalidades de las hijas “demonios” son apenas exploradas, y sirven sólo como demostración del infierno que viven tanto Paco como María, y ni hablar del yerno cuya aparición sólo sirve como fuente externa de reafirmación del autosacrificio de María, las personalidades e interioridades que son más exploradas son las de la madre y padre de este hogar.

No se necesita decir mucho para crearnos una idea del carácter de María. Ella es una mujer llena de una fuerza interna y resolución para dar y soportar todo por el bien de su familia. María es verdaderamente el sostén del hogar y quien lo mantiene en pie, pero no quién mantiene en pie la historia. Este sitial le pertenece a Paco, y es que, aunque se podrían enumerar muchas características de la personalidad de María, todas estas llegan producto de la idea de María como “una santa”. En este sentido, María es un personaje plano, un ser por encima del resto de los humanos que no tiene fallas; su alma es tan blanca como las paredes de la cocina que tanto preocupan a Paco y que vuelven a ese anhelado tono luego del fin terrenal de la muerta.

Paco por su parte es más interesante. Además después de ser presentado como “un hombre bueno”, son apreciables sus fallas morales, aunque desde el punto de vista del narrador estas eran justificadas y “nadie podría reprochárselo”, ni su proyecto con la viuda ni afición por el vino.

Realmente, ¿Quién podría no entender a Paco?¿Quién podría no justificarlo al comprender todo cuanto sufrió, él también, estoicamente? Pero más importante aún, ¿Quién podría entender mejor a Paco?¿Quién podría justificarlo mejor y comprender mejor cuanto sufrió el pobre Paco, que el mismo Paco?¿Quién podría ser mejor apóstol de la obra redentora de María y su poder transformador que Paco, el principal reformado? CONCLUSIÓN Si bien es casi imposible determinar cuán al tanto se encontraba la autora de La Muerta de las referencias y relaciones entre su relato y los evangelios y cuán conscientemente incluyó estos detalles en su obra, es casi innegable que estos textos comparten la idea común de narrar una historia de autosacrificio desinteresado de una persona ejemplar para salvar a unos seres buenos en esencia pero con momentos de flaquezas morales. Todo esto adornado con demonios, tentaciones, curaciones milagrosas y una muerte anunciada. En fin, La Muerta y los Evangelios comparten muchos factores comunes que si bien pueden ser una gran casualidad o pudieron haberse colado inconsciente por ser esos temas arquetipos propios de la cultura española tan religiosa; dado el hecho de la conversión espiritual de la autora, es más lógico decantarse por una intencionalidad.

  1. 1 En el original: “the author's own spiritual conversion in December 1951”
  2. 2 En el original: “Catholic themes such as charity, love and sacrifice”
  3. 3 Otro simbólo bastante repetido en los Evangelios (Mt 9:17, 11:19, 26:29, 27:34, Mc 15:23, Lc 10:34, 22:7-28, Jn 2:1-12)